
Ella siempre deseó ser diferente a los demás, y no dejarse llevar por aquellas olas de materialismo -no el histórico, sino el otro- que estaba de moda. No entendía porque se aburría en las conversaciones, y no es que fuera más inteligente, sino que tenía tantas ideas que no podía plasmarlas, y cuando intentaba explicarlas pensaba que nadie podría entenderlas, y no le daba tiempo a que la escuchasen.
Sus múltiples aficiones la llevaron a viajar, porque no tenía nada que dejar atrás, algunos buenos amigos, sí, pero también entendía que cada uno tiene su vida y es lo que había.
Y a lo que iba, ella viajó y viajó siempre con el deseo de haber querido vivir en otra época en la que las múltiples ideas creativas que ella tenía se hubiesen llevado a cabo. Pero ahora no podía; lo único que podía hacer era volar y ayudar a quien más lo necesitaba, pensaba a menudo. Ninguna carrera universitaria la llenaba, bueno sí, una carrera que ella había inventado, mezcla de sus conocimientos preferidos, pero que nadie le había aceptado, aunque ella había intentado patentar esos estudios. Y claro, se fue a ayudar a múltiples países, buscando también un hombre maduro que la acompañara, porque nadie había sabido apreciar su belleza interior y exterior, que tenerla la tenía, y mucha, por cierto.
Sus múltiples aficiones la llevaron a viajar, porque no tenía nada que dejar atrás, algunos buenos amigos, sí, pero también entendía que cada uno tiene su vida y es lo que había.
Y a lo que iba, ella viajó y viajó siempre con el deseo de haber querido vivir en otra época en la que las múltiples ideas creativas que ella tenía se hubiesen llevado a cabo. Pero ahora no podía; lo único que podía hacer era volar y ayudar a quien más lo necesitaba, pensaba a menudo. Ninguna carrera universitaria la llenaba, bueno sí, una carrera que ella había inventado, mezcla de sus conocimientos preferidos, pero que nadie le había aceptado, aunque ella había intentado patentar esos estudios. Y claro, se fue a ayudar a múltiples países, buscando también un hombre maduro que la acompañara, porque nadie había sabido apreciar su belleza interior y exterior, que tenerla la tenía, y mucha, por cierto.
Un día ella desapareció, y nadie más la volvió a ver. Por lo visto, un terremoto de alta escala que aconteció en un país del centro de América, el continente preferido de ella, hizo que desapareciera mientras trabajaba en un hospital de aquel país. Su familia, que la quería mucho, aunque ella no lo quisiera saber, nunca se perdonó el haberla dejado marchar, y sólo supieron de ella que la encontraron con un hombre cojida de la mano; ése hombre era nativo de su país. Su cuerpo no pudo viajar hasta su país de origen, porque el aeropuerto de aquel país estaba colapsado, y sus padres no pudieron enterrarla.
Ésto va dedicado a esas personas que tienen sueños que nunca se llevan a cabo.
Y a ese pequeño gran país que no se va de mi cabeza.
Y a esos niños.
Y a todo el mundo que, buscando un camino, dan parte de su vida a los demás y encuentran la felicidad.